domingo, 24 de febrero de 2008

PARA SER FELIZ

He tenido ocasión de leer en un boletín que recoge testimonios de diversos lugares de este planeta. A unas personas, después de asistir a un curso de orientación familiar llegaron a confeccionar unas pegatinas donde escuetamente se leían estas frases.

Si quieres ser feliz, debes tener:

*Algo que hacer
*Alguien a quien amar
*Algo que esperar

Y no les falta razón:

• Muchas personas pierden la ilusión de vivir en la juventud, madurez o al jubilarse porque no tienen nada que hacer. Se limitan a comer, distraerse, pensar en sus enfermedades, ver la televisión, leer la prensa, comer, beber y poco más. ¿Acaso no hay gente sola a la que se le puede acompañar? ¿No es necesario voluntarios en un Banco de Alimentos para hacer llegarles los yogures, briks de leche, fruta, etc a algunos colectivos, familias, orfanatos, casa de acogidas, etc, que de otra forma habría que desechar? También es verdad que muchas personas pueden dedicar parte de su tiempo a echar una mano a sus colegas, compañeros de estudio de forma desinteresada. ¿Qué decir de escribir Cartas al Director de un medio por algo que nos ha parecido estupendo o algo negativo, alguna sugerencia al medio o una reclamación personal por el hecho que nos atañe al respecto? Mal asunto cuando una persona dice o piensa “no tengo nada que hacer”. “Ya acabé mi labor en esta ciudad o pueblo” Un amigo que anda por los 88 años acaba de editar un libro sobre la ancianidad y lo veo con frecuencia que asiste a conferencia y actos culturales.

• Algunas personas han “perdido” el amor muy temprano, porque se les ha pasado la pasión. Amar no es sólo algo fisiológico del sexo o de la edad juvenil. Si se quiere amar es preciso tener alguien a quien amar. Porque amar es preocuparse por los demás: enseñarles a realizar tareas domésticas, enseñarles a leer y escribir a tantos analfabetos como existe en nuestra sociedad (recuerdo en cierta ocasión que visité una capital española del sur y, en las oficinas de Correos, varias personas no sabían rellenar un impreso simple porque no sabían leer ni escribir. Al finalizar mi tarea de redactar los datos me preguntaba esa persona que cuánto me debía abonar). ¿Acaso en nuestro lugar donde residimos no existen personas carentes de conocimientos básicos? ¿Por qué no nos ocupamos en indagar y nos llevaremos sorpresas mayúsculas? ¿Qué decir de amar a los que conviven con nosotros un día y otro y sólo vemos en ellos defectos? ¿Acaso nosotros somos los perfectos y somos unos engreídos? Algunos –al no amar a sus semejantes- se ocupan de las ballenas, perros abandonados e, incluso, tortugas o camaleones. He visto personas algunos días de lluvia llevándoles comida a un lugar lejano donde abundaban los gatos. Lo paso bien con los animales, en mi casa tuvimos varios y los criamos con todo tipo de detalle, pero siempre fueron prioritarios las personas.

• Esperar algo nuevo para realizar una gran tarea con los medios que disponemos hoy. ¡Qué bien siempre tener algo pendiente para el día siguiente! Un amigo que era director de una Residencia de Estudiantes, aprovechaba las vacaciones de verano para llevarse a un país lejano –en América- con él a un grupo de estudiantes. Allí pasaban bastante tiempo y atendían personas mayores de un asilo que no tenían nadie que les pudiera cuidar: darles de comer, asearles, darles conversación sin crispación, etc. ¡Incluso llegó a conocer a un taxista que al año próximo se casaría y le invitó a la boda! Asistió a tal ceremonia y contaba el “menú” de un plato pequeño del cual tuvo que dar las gracias.

• Si sembramos buena semilla seguro que esperaremos los frutos que vendrán, tarde o temprano. Tendremos algo que esperar de los demás en todo momento: una carta, una llamada para salir a pasear y charlar sobre un tema afín, Siempre existe alguien que desea comunicarse con cada uno de nosotros porque están necesitados de nuestros dones par llevara acabo una tarea. ¿Acaso no existe en el ambiente actual personas que tienen demasiadas cosas, pero no tienen amigos en el buen sentido de la palabra? Recuerdo a una persona que me respondió a una sugerencia para que le visitase unos amigos y compartir la tarde o mañana jugando una `partida de dominó o de cartas: “¡A mi casa no tiene nadie que poner los pies!” Años después me comentaba, esta misma persona, que estaba muy raro, mustio, taciturno, que no hablaba con nadie y que tenía muy pocas relaciones sociales. Sobran comentarios.

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